Vitivinicultura: el tiempo se agota

Fuente: BAE

De cara a una cosecha que está a punto de comenzar, la vitivinicultura se encuentra ante una macroeconomía que le corroe la competitividad y sin políticas sectoriales que la acompañen. El tiempo de esperar definiciones del Gobierno Nacional se acaba y el panorama es difícil.

En septiembre de 2017 en la Mesa de Competitividad Vitivinícola se le justificó, técnicamente, al presidente Macri un aumento de los reintegros a las exportaciones. Hoy la decisión política de incrementar los reintegros y reducir retenciones es necesaria como herramienta para una cadena formalizada que se diferencia por su capacidad de generar valor agregado, con intensidad en el uso de la mano y distribución territorial.

El marco para competir

Desde lo macroeconómico, la presión fiscal significa más 60% de los resultados de las empresas, las tasas de interés para financiamiento productivo son irrisorias y una tasa de inflación cercana al 50% anual encarece nuestros productos en relación a los competidores. Sin mencionar la falta de acuerdos comerciales y las carencias en logística.

Al mismo tiempo, el contexto recesivo impacta en el consumo de vino en nuestro país, que no obstante las disminuciones de los últimos años, es uno de los diez principales mercados de vino del mundo.

¿Cómo se hace para competir con España, Australia o Chile en estas condiciones? ¿Cómo se hace para vender vino en Estados Unidos, Reino Unido o Japón? La vitivinicultura argentina compite en los principales centros de consumo mundiales con jugadores de clase internacional. En estas condiciones y sin políticas nacionales específicas estamos en clara desventaja.

El mejoramiento de las condiciones tiene un impacto directo en la cadena, esto se advierte claramente en productos como el vino a granel y el jugo concentrado de uva, los cuales respondieron rápidamente al mejoramiento del tipo de cambio que si bien no fue el único factor que influyó en la venta (niveles de exportación bajos y cosechas bajas de los competidores) tuvo un rápido efecto.

Acciones temporales hasta que se controle la inflación, se logre el equilibrio fiscal y los acuerdos comerciales y se mejore la infraestructura y la logística del país que promuevan la exportación se han planteado recurrentemente en las mesas de competitividad, sin embargo aún no se han alcanzado los resultados esperados. Mientras tanto el complejo vitivinícola exporta en dólares prácticamente lo mismo que en 2008.

Los stocks en equilibrio fino

La disminución en las ventas tiene su contrapartida en una de las variables centrales de la cadena: las existencias o stocks vínicos. Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura indican que se proyecta un stock de vino, a fines de este ciclo productivo, de aproximadamente 8 meses. El equilibrio ubica se alcanza con un stock de 3 a 5 meses, es decir que hay un sobre stock de vino de al menos 3 meses por lo que, sin considerar la nueva cosecha, hay un excedente de vino de alrededor de 350 millones de litros.

Esto ya se siente en los precios de los vinos que las bodegas comercializan entre sí (vino de traslado) y probablemente se sienta en los precios de las uvas que más de 17.000 productores de 13 provincias está a punto de cosechar.

El impacto económico y social de la vitivinicultura es muy importante. Esta importancia requiere de políticas nacionales específicas, de alto impacto y de rápida implementación, hasta ahora no ha ocurrido y el tiempo se agota.